Coaching Nutricional en IRCO

“Somos lo que comemos”:  la comida: clave de nuestra salud física y emocional y mental.

Los beneficios los proporcionan los nutriente conocidos como ácidos grasos omega 3, que se encuentran en cantidades abundantes en algunas frutas y verduras, como el kiwi o las nueces, peros, sobre todo, en pescados de agua fría como el salmón.

Los omega 3 ayudan a mejorar el aprendizaje y la memoria e incluso se cree que podrían prevenir enfermedades como la esquizofrenia, la demencia o los desordenes del estado de ánimo.

Los científicos han descubierto que fomentan la plasticidad de las sinapsis –unión entre neuronas- y también parece que afectan positivamente a la expresión de varias moléculas relacionadas con funciones críticas, como el aprendizaje y la memoria. De hecho, algunos estudios indican que los niños que ingieren alimentos ricos en omega 3 responden mejor en el colegio y obtienen mejores notas, sobre todo en lectura y escritura; y también tiene menos problemas de comportamiento.

Hay muchos otros nutrientes que influyen en la cognición durante toda la vida: el acido fólico. Lo encontramos en las espinacas, el zumo de naranja o la levadura, entre otros, y es una vitamina esencial para las reacciones químicas del cerebro.  Se ha detectado que las personas que tomaban suplementos de acido fólico tenían mejor memoria, una mayor velocidad de procesamiento de información, así como más fluidez verbal.

Otro nutriente esencial para gozar de salud mental son los antioxidantes. Hay que tener en cuenta que nuestro cerebro consume muchísima anergia para funcionar y, paradójicamente, las reacciones que se han de dar para proporcionarles toda esa energía generan una cantidad de sustancias químicas oxidantes, sobre todo en las membranas que rodean a las células nerviosas. De ahí que sea esencial inferir una dieta rica en antioxidantes, como la vitamina E. Se halla en aceites vegetales, en las nueces y en las verduras de hojas verdes y  en los arandalos.

Una mala dieta puede dar al traste con nuestras neuronas. La comida basura, rica en grasas saturadas e hidrogenadas, que son las que contienen los pasteles y  las galletas industrializadas o las patatas fritas de bolsa afectan muy negativamente a las sinapsis que se producen en el cerebro y, por tanto, a la cognición. La llamada comida basura es altamente calórica y se ha visto que cuantas más calorías comemos, más radicales libres genera nuestro cuerpo, unas partículas cargadas negativamente que provocan daño oxidativo en las células del sistema nervioso. Los estudios demuestran que loa alimentos ricos en azucares, grasas y sal pueden alterar la química del cerebro y crear adicciones.

Comer bien es una de las claves para tener un cerebro saludable. Pero no hay que atiborrase. Los científicos han visto que comer demasiado genera estrés oxidativo en el cerebro. Tanto da que llevemos una diera sana y equilibrada, rica en verduras y pescado. Si nos pasamos, podemos en riesgo todo el buen trabajo que los antioxidantes de la comida que ingerimos han hecho por nosotros. Al parecer, un exceso de calorías puede llegar a reducir la flexibilidad de las sinapsis, provocar la formación de radicales libres y hacer que las células nerviosas sean más vulnerables. En cambio, una restricción calórica moderada protege al cerebro y reduce el daño oxidativo.

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